Una cola de espera no es un accidente administrativo: es un mapa. Cuando cinco municipios dependen de un solo centro con especialidades, la distancia a la atención se convierte en un impuesto en horas de autobús y días de producción perdidos.

El presupuesto publica lo que gasta. No publica, con la misma claridad, a qué distancia vive cada ciudadano de una cama con especialidad. Con esos dos datos se armaría el gráfico que la planificación sanitaria necesita.

La salud no se corrige con un anuncio nuevo. Se corrige redistribuyendo lo que ya existe —y midiendo si la redistribución funcionó.