En el balance de un banco, prestar en dólares no es una apuesta: es una defensa. En el balance de una PyME que vende en pesos, ese mismo préstamo es una apuesta que no eligió tomar. La dolarización del crédito crece porque reduce el riesgo del prestamista, no porque resuelva el del tomador.
El resultado es una asimetría conocida: cuando el tipo de cambio se mueve, la deuda se agranda de un solo lado de la mesa. La cartera vencida del trimestre siguiente es la fotografía de esa diferencia.
La conversación útil no es si los bancos deben prestar en pesos. Es qué incentivos existen —o no existen— para que la moneda del préstamo se parezca a la moneda en que se gana el ingreso.




